San Cristóbal: espacio estratégico insular. De la “laguna” y los barrancos en la topografía municipal. Molinos de agua.

El primer asentamiento urbano de Tenerife se establece en los llanos de la Vega de Aguere y en el entorno próximo de su “lago” o “laguna”. Un depósito superficial de aguas procedentes de los “rezumes” (aguas no filtrables y expulsadas por el círculo de pequeñas elevaciones que circunvalan el Valle).

En plano del ingeniero Torriani, en 1588, ya refleja la existencia de esta laguna o lago de la Ciudad, con un perímetro máximo de 625 metros, una superficie de 3´1 hectáreas y una profundidad media de 0´80-1´0 metro. En el siglo XVI se detecta una creciente deforestación en el entorno de lago, perdiéndose su capacidad de carga y la calidad de sus aguas al ser utilizado como abrevadero y lavadero.

En el siglo XVIII la laguna pierde entidad, siendo probable que su práctica desaparición se produjera entre 1770-1780. El aterramiento de su cuenca hidrológica y las intervenciones dirigidas a facilitar su desagüe, acabarán en 1837 con una obra de ingeniería hídrica que facilitaba un desagüe completo en conexión con el barranco conocido como Gonzaliánez, Carnicería o de Jardin, un y que, por el sur, conecta con el Barranco de Santos que desemboca en la cercan Santa Cruz.

Una parte de dichas aguas pluviales se canalizan por el denominado barranco de Gonzaliánez (entre la ermita de San Miguel y los cerros próximos de San Roque), dónde se ubicarán tempranamente diferentes molinos de agua (por ello, existe la Calle “Molinos de Agua” como vía actual y que se despliega en paralelo al citado barranco).