Principales hitos cronológicos

La historia de La Laguna, desde su fundación, ha estado marcada por diferentes “hitos” y fases cronológicas:

Fase de emergencia(1496-1550): iniciada con el final de la conquista y el asentamiento en sus dos “Villas”: Arriba y Abajo, a partir de finales de 1496 y activada desde 1500 bajo el doble impulso del Adelantado y de su Consejo. Esta etapa refleja los notables esfuerzos por consolidar y compactar la traza urbana del Casco y la apertura de los espacios inmediatos a los cultivos cerealísticos y de huerta que vertebrarán, con el paso de los años, sus lugares complementarios de asentamiento y expansión (San Benito y San Lázaro, por el Norte; Los Genetos y Los Baldíos, por el este; Barrio Nuevo y La Verdellada, por el Sur; y, por último, el hábitat en San Roque y colinas cercanas, por el Oeste).

Fase de auge y expansión (1550-1650): etapa coincidente con el esplendor de la economía vitivinícola que nutre las rentas de su población de propietarios absentistas y de unos pequeños y medianos labradores que atienden la producción de autoconsumo (Rodeo de La Paja, fase de datas en el primer cinturón urbano, etc.) y crecimiento de los servicios tanto públicos como privados por su condición capitalina y núcleo obligado de tránsito hacia el Norte. La crisis del ciclo vitivinícola y el inexorable desplazamiento de la actividad portuaria y comercial hacia Santa Cruz, en el siglo XVIII, sin olvidar la potencia de La Orotava y su puerto como punto de conexión marítima a partir del colapso volcánico de Garachico, marca esta larga etapa de ralentización de su crecimiento poblacional e incluso de alteración destructiva de su patrimonio edificado en el Casco.

La fase de decadencia (1650-1833): acentuada por la crisis iniciada en el siglo XVII y la ausencia de alternativas productivas y de rentas durante el siglo XVIII. Será en este difícil contexto socioeconómico, cuando se activará su centralidad religiosa (Obispado Niveriense), educativa (Universidad de San Fernando), cultural e intelectual (Tertulias), etc. La pérdida definitiva de su condición de capitalidad insular y el logro de la capital de Canarias por parte de Santa Cruz (después de 1803), marcará una dolorosa ruptura con su rol histórico.

La etapa de ajustes (1833-1990): La Laguna inicia un proceso de ajuste a su nuevo rol municipal, compitiendo con el resto de Municipios de la Isla que resultan del proceso de segregaciones sucesivas. Etapa en que el núcleo histórico y fundacional se estanca o ralentiza –perdiendo funcionalidad y vitalidad socioeconómica- mientras que el hábitat se expande hacia el Sur (La Cuesta y Taco), se despliega en el espacio agrario (Guamasa, Ortigal, Valle Guerra y Tejina) y se colmata en el primer cinturón de los barrios que envuelven al Casco histórico (Verdellada-Barrio Nuevo, San Honorato, Baldíos y Los Genetos, San Benito-San Lázaro, etc.). El hábitat en el Casco se contrae y se expande en las sucesivas periferias urbanas o rurales.

Renovación de impulso municipal (1990-1999): La Laguna se replantea su estrategia como Municipio y busca soluciones a su estancamiento secular. Las reformas urbanísticas y el impulso al reconocimiento de su singularidad patrimonial (acuerdo de 1987 de instar el Expediente ante UNESCO), permite obtener sus frutos en 1999 y, así, revitalizar, rehabilitar y dotar de usos comerciales y de servicios sostenibles al Casco. Un proceso que se materializa en la presente década inicial del siglo XXI, permitiendo transformar al Casco histórico, y por ende al conjunto del Municipio, en un referente del patrimonio, de la cultura y del comercio.